lunes, marzo 06, 2017

Todos guapos, todos sexies


Me di cuenta de que estaba envejeciendo cuando mi reflejo en el espejo abandonó apresuradamente su función, se marchó sin saludar. Mi reflejo en el espejo me rechazó sin remordimientos, aunque también sin crueldad. Supongo que fue un acto natural. Yo creía que era yo mísmo, que poco había cambiado, pero me equivocaba. En esencia, mi reflejo era yo pero estaba cambiado. Más ojeras, menos pelo, más papada, aspectos físicos que poco me importaban, aunque a mi reflejo si le importaran.

Tal vez era el aura que desprendía, o la mirada desplazada, o lo absurdo de la monotonía: mi reflejo se había esfumado. Y cada día que me miraba al espejo,mi reflejo no aparecía. Yo ya no sabía cómo era yo, qué aspecto lucía. Y entonces pensé que en realidad nunca lo había sabido, nunca me habia visto a mi mismo con mis ropios ojos pues mi reflejo en el espejo era una imagen parecida pero distorsionada de mi ser.

Así que me saqué los ojos de las cuencas y enfoqué las pupilas hacia mi cara. Cielos, pensé, no estoy tan mal.