viernes, marzo 10, 2017

Legados y algarabías


El legado de Michael Edwards consistió en unos retazos de melancolía. Su desempeño en esta vida había sido un anonimato formal respecto a la sociedad, pero en lo que concernía a sus amistades, había sido tótem y luz. Esos retazos, cada uno de sus amigos lo había asimilado a su manera, aunque siempre, en algún momento inconcreto, brotaba alguna lágrima por la nostalgía. El recordar la ausencia de un amigo hace que el presente esté como difuminado.

La casualidad, hermana de lo absurdo, hizo que dos amigos de Michael, recordando viejos tiempos, juntaran dos de esos retazos de melancolia. Se quedaron sorprendidos: ¡encajaban!. Por mera curiosidad, o incredulidad, se pusieron en contacto con un par de amigos del bueno de Edwards, y resultó que los nuevos retazos seguían encajando con los viejos. La maquinaria empezó, y el modu operandis era el mismo: ponerse en contacto con cualquiera que hubiera o hubiese conocido a Michael Edwards, recojer los retazos y juntarlos con los que ya tenía.

Hasta que un día ocurrió lo impensable: Michael Edwars había vuelto a la vida. La suma de recuerdos, de retazos, de esencias habían conseguido algo único, magnífico. Eufóricos, fueron todos a celebrar el milagro acontecido. Alcohol, drogas, música, risas, bromas, abrazos, efímeras reflexiones, bailes, más bailes. Una noche brutal. Pero cuando fueron a pagar la cuenta,se dieron cuenta de que alguno de la pandilla no había puesto su parte de dinero, y todos dijeron al unísono: ¡puto Michael Edwards!