martes, enero 03, 2017

La esencia de la fotografía


Siempre, siempre ponía una cara bobalicona cuando le hacían, solo o acompañado, una foto. El labio inferior casi se lo mordía, el labio superior encima del inferior, se torcía en el lado derecho aountando hacia arriba. Y los ojos. ¡Ay los ojos! Casi se le salían de sus suaves cuencas, parecían el doble de grandes. Esto hacía que la frente se le arrugase, no sabiendo uno si era bondadoso o fulibustero.

Un día se lo dije, un poco disgustado: no sé por qué pones esa cara si tú, en la vida real, no eres así. Y él me contestó que no sabía, en realidad, qué cara tenía. Qué por mucho que se mirase al espejo, el reflejo no garantizaba que fuese él realmente. Y un vendedor ambulante de objetos robados dijo: amén.




No hay comentarios: