martes, abril 01, 2014

Diario de un peluquín


Amenece en el olvido, premisa obvia de un algodón de azúcar. Los gestos, correctos. Los labios, rectos. Los pensamientos, de marfil.

Incorporado y aseado, aventuras y desventuras vulgares en un mismo planeta. Los saludos, cordiales. Los diálogos, rutilantes. La puesta en escena, mejorable.

Acontece, pues, el sincero asedio a la noche, batalla desigual entre un gamberro y un grotesco alacrán. Por suerte, la pena es un quejido subjetivo que no entiende de quimeras.

Amanece en la bondad, hoy no toca madrugar


2 comentarios:

Mothman dijo...

Los senderos de la constancia son sufridos e insondables…
un alacrán descoyuntado,
desmenuzado en el caldero de los sustos,
mientras un gamberro angelical,
se folla la soberbia de las vírgenes
y grita vítores a la justicia de los bustos,
moviendo sus alitas.

Me gusta tu salida,
y me pica la lustrosidad de de esta deriva.

Un abrazo

vomiton dijo...

A la deriva van los sentimientos y la desidia...Por suerte, nuestra mente es eterna. Y nuestra zozobra también!