Me disponía a salir del domicilio cuando, en los buzones, a dos metros antes de salir a la calle, un noble anciano me estaba mirando con suspicacia, como Clint Easwood. Yo ya lo considero normal por dos motivos: es algo inherente a la tercera edad y que al vivir en un edificio grande, es normal no conocer a todos los vecinos.
Total, que paso por al lado suyo y cuando ya tenía un pie fuera del recinto el noble anciano empieza a gritar:" ¡Fresco!¡FRESCO!"...Lo he de reconocer, me acojoné. Y mientras aceleraba el paso, con la cabeza gacha iba yo diciendo: "Chi, freshco, freshco"
Moraleja: ninguna
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